A ti te recuerdo como un estado de ebullición
eterno. Por ti llegué de improviso varias veces a tu casa para confirmar que lo
nuestro no se había acabado, que seguía ese fuego, esa llama que me despertó de
mi coma sexual. Recuerdo esas maratones pasionales de horas y horas, recuerdo
esas tardes de películas, recuerdo ese pan de molde con ese queso bien amarillo
que tanto te gustaba y del que más tarde me volví adicta, tal como me volví
más tarde, adicta a tu piel contra mi piel. A tu cuerpo sobre el mío. Te quise.
Sí. Te deseé con locura. Sí. Pensé amarte. Sí. Nos recuerdo riéndonos a
carcajadas. Pero tuve que dejarte partir. Fuiste bueno conmigo y diste lo que
me pudiste dar. El resto, ya es parte del pasado.
Y cómo olvidarte a ti…. el de los tragos de
colores, el que siempre “negociaba” conmigo. Recuerdo haciendo una fila en el
aeropuerto adportas de lo que sería nuestro primer viaje juntos en grande. Recuerdo que
te volteaste y me miraste feliz y encantado. Recuerdo ese viaje en particular,
los momentos, cuando me dijiste que me amabas en ese restaurante con nombre de
gatuno. Recuerdo que contigo me sentí tan segura y protegida. Te recuerdo con
tu celular colgando siempre. Recuerdo las tardes de cine o de comidas ricas en
algún restaurante bonito. Me recuerdo a mí pensando en proyectarme contigo, me
recuerdo feliz. Te quise. Sí. Te amé. Sí. Te extrañé tanto cuando te fuiste.
Sí. Te odié. Sí. Pero te dejé partir finalmente y al parecer ya he comenzado a
perdonarte, en silencio, como debe ser, como suelen ser cuando las cosas se
hacen de manera genuina. Me perdí entre tu verdad y tu mentira, pero.. pero…
sin eso no habría lo que tengo hoy, gracias. Gracias por apartarte de mi camino
a tiempo.
Y tú…. Contigo me porté pésimo. Si pudiera
retroceder el tiempo, cambiaría muchas cosas, pero no puedo. Lo siento, pero…
pero… no puedo permitirte más que me hagas sentir culpable, ya he pagado mis
pecados, ya he enmendado mis errores. Y si tú jamás me soltaste, yo en el
camino, tuve que hacerlo por ti. Lo siento, en serio, pero no me sentiré más una mala mujer. A ti te quise. Sí. Pero, no te amé y estoy segura que tu tampoco,
sólo amaste tu idea de mí. Perdono tus venganzas y tu rencor, perdono tus modos
para hacerme sentir una persona mala y mentirosa. Aún así, te recuerdo tierno, me
llenaste de mimos y saciaste la mayoría de mis caprichos infantiles como lo
habría hecho un padre con una niña.
Y a ti que por primera vez te entregué mi
cuerpo y me hiciste daño, sólo puedo decirte que sé que eso es una mochila
grande. Romperle el corazón a alguien de ese modo, jamás pasa inadvertido,
estoy segura que la vida se encargó de hacer justicia. Pero ya basta, eso fue
hace mucho tiempo. Y ya el daño se reparó. Te recuerdo en realidad como un
viejo chico, medio acomplejado. Ja!
Tú…. A ti ya te perdoné hace mucho tiempo. Dudo
que jamás te lo diga, pero lo hice por mí. Durante años me hiciste sentir
culpable por algo que no tuve la culpa. A los 15 años dudo que yo haya sido una
femme fatal. No lo soy ni ahora a mis 34. Eres pasado y lo que pasó es tu
mochila, no la mía. Suerte con eso.

Por último tú…. Hombre con una gran historia
detrás. Qué gran personaje que eres. Te respeto y te admiro. Me encontraste
muerta de miedo, como un animalito herido. Me diste el “vamos”, pusiste fin a
mi coma emocional. Me hiciste pensar en que podría gustarme de nuevo un hombre,
me despeinaste, me descolocaste y aunque no resultó, me hiciste bailar el mejor
tango de mi vida con mis sombras, con aquello que da miedo mirar. Te recuerdo
indómito, te recuerdo bailando, te recuerdo apasionado, intenso. Perdono tus
salidas de madre y ausencias, así como las mías también. Te recuerdo un
luchador y un sobreviviente. Pero te tuve que soltar porque hombres como tú
hacen que mujeres como yo siempre quieran más…. ese más que no habrá. Feliz
viaje.
Les deseo a todos un increíble viaje. Ya no
puedo retenerlos más en mi memoria ni en mi rabia. Gracias por todo. Adiós.
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